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ultra Ardiente Diosa del Amor

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"AL SUR DEL UNIVERSO", TE CUENTA: ARDIENTE DIOSA DEL AMOR

Probablemente hayan escuchado más de una vez la romántica expresión "tus ojos son como dos luceros", y tal vez algún galante caballero, aún haya dicho ese delicado piropo a su dama en el "Día de los enamorados" recién recordado, pero me atrevo a pensar que no todos saben que es exactamente el famoso lucero. Esa luminaria intensamente brillante que destaca en el cielo del amanecer o del atardecer, pese a su aspecto, no se trata de una estrella, sino de uno de los mundos vecinos de nuestra Tierra, el planeta Venus.

En la antigüedad, más exactamente en la rica mitología greco-romana, el lucero era admirado por su gran belleza y lo asociaron con una deidad. Según los romanos, Venus era la Diosa de la belleza y del Amor, asimilada más tarde en el siglo III a.C como la diosa griega Afrodita. El culto de esta diosa fue floreciente en la edad augusta, y quedó inmortalizada luego, en la célebre escultura. Pero más allá del romanticismo y la mitología, veamos más puntualmente las características del lucero. Solía creerse que Venus era el "mundo hermano" de la Tierra debido a que ambos planetas tienen aproximadamente el mismo tamaño y son vecinos, pero las sondas espaciales enviadas hasta él y los estudios realizados desde la Tierra, revelaron que Venus es un mundo muy diferente al nuestro.

La fuerte luminosidad que despide este planeta se debe en parte a su proximidad, pero sobre todo, a su capacidad de reflejar la luz solar, conocido esto en astronomía como "albedo". Venus tiene un albedo de 0.76, lo que significa que refleja el 76% de la luz incidente. Esto se debe a la gruesa capa de nubes que hay siempre en la atmósfera venusina, y que nos impide la observación de la superficie de este planeta desde la Tierra. Esta densa atmósfera está compuesta principalmente de dióxido de carbono, con espesas nubes de... ¡ácido sulfúrico!, es por lo tanto intensamente corrosiva.

Además de lo señalado, este planeta rota sobre su eje de manera retrógrada, y la presión atmosférica es aplastante, siendo 90 veces superior a la terrestre. Otro rasgo que nos muestra su hostil naturaleza, es la temperatura, que asciende a 500°C, más caliente que cualquier horno doméstico imaginable. Esta alta temperatura se debe a que en Venus se produce un fenómeno denominado "efecto invernadero" en el cual la luz visible (radiación de onda corta), es capaz de penetrar la densa atmósfera, pero la radiación infrarroja (de onda larga) emitida por la caliente superficie del planeta, es absorbida por el dióxido de carbono presente en dicha atmósfera, reteniendo el calor y no dejándolo escapar al espacio. Esto origina que la temperatura se incremente hasta el punto en que el calor que emana del planeta se equilibra con la energía solar que recibe. En este sentido, podemos realmente considerar a Venus como una clara advertencia que la Naturaleza nos puso al lado: si seguimos contaminando la atmósfera de la Tierra con gases de invernadero, quizás algún día, y no muy lejos en el futuro, comprobemos tristemente, que hemos originado un efecto de invernadero global sobre nuestro mundo... imagínense las consecuencias.

Debido a todas estas características, es altamente improbable que el hombre pueda algún día posarse sobre la superficie de Venus; las condiciones allí reinantes son letales para cualquier forma de vida de nuestro planeta incluido el hombre. Se comprueba así, que lejos de parecerse a la Tierra, Venus es lo más parecido al "infierno" que podemos imaginar en el Sistema Solar. Lo curioso es que, mitológicamente, se asociara a este hirviente e inhóspito mundo...con la Diosa del Amor.

Dalila Giampalmo