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Al Sur del Universo, te cuenta: ¿Qué
es la Arqueoastronomia? (Primera parte)
Vivimos rodeados de enigmas del
pasado. Derredor del mundo, hay lugares sagrados, paisajes
simbólicos, ciudades antiquísimas, y países perdidos en el
tiempo, que fascinan por igual a eruditos y a aventureros, a
curiosos y turistas, lugares de los que se intenta revelar su
misterio, pero que aún, guardan celosamente sus secretos. Estos
lugares y construcciones misteriosos, encienden la imaginación,
producen respeto, y plantean interrogantes acerca de la religión,
astronomía, historia, ingeniería, creencias, leyendas, y modos de
ver el mundo que tenían estos lejanos hombres y mujeres. Los
enigmas que encierran los lugares misteriosos del mundo, echan por
tierra, una y otra vez, las actitudes condescendientes acerca de las
mal llamadas "culturas primitivas". Es frecuente que la
leyenda y el mito se mezclen con los descubrimientos, generando
fabulosas teorías que desafían al pensamiento moderno, pero
gracias al arduo trabajo de muchos investigadores alrededor del
mundo, algunos misterios, se han ido develando.
A nosotros, inmersos en esta época
de grandes ciudades y luz artificial, nos resulta muy difícil
darnos cuenta de la importancia que el cielo tenía para nuestros
antepasados. Actualmente no necesitamos mirar el Sol o las estrellas
para saber la estación del año, o la hora del día, pero para
aquellos lejanos predecesores nuestros, el conocer los movimientos
de los astros, tuvo importancia fundamental, sobre todo desde que la
humanidad se dedicó a las tareas agrícolas. Por ejemplo, era
indispensable prever cuándo llegaría la temporada más apropiada
para la labranza, la siembra y la posterior cosecha. Aprender a
conocer la regularidad del movimiento de los objetos celestes,
permitía a los antiguos orientarse en el tiempo y en el espacio.
Así, la observación del cielo nocturno, originó desde siempre,
admiración, curiosidad, inquietud, temor, y necesidad. En aquellos
tiempos no existían luces artificiales, los cielos eran
oscurísimos y relucientes de estrellas, y era inevitable mirar
hacia el cosmos y preguntarse, ¿qué serán esas miles de lucecitas
de distintos tamaños y colores que parecen estar pegadas al manto
oscuro de la noche?, y, ¿qué serán esas otras luces parecidas que
sin embargo, se van moviendo de un lado hacia otro a lo largo del
tiempo?. Hoy sabemos que se trata de las estrellas y los planetas,
pero este descubrimiento le llevó muchísimos años a nuestra
especie. Conforme pasaron los milenios, el hombre ideó maneras para
"vigilar" a los astros, y de ese modo creó en primera
instancia, colosales estructuras de piedra que servían para buscar
un orden en la vastedad del espacio infinito. Aquí justamente,
está el punto de partida de esta apasionante ciencia denominada
Arqueoastronomía, ciencia que estudia la astronomía de los pueblos
antiguos a través del descubrimiento, estudio, y comprensión de
los magníficos monumentos megalíticos que nos han dejado.
Megalítico, significa "grandes piedras", y se sabe de
muchas culturas antiguas que construyeron imponentes estructuras
creadas con fines rituales y astronómicos. La orientación y
ubicación de estos complejos monumentales, se basaba casi siempre
en objetos o acontecimientos astronómicos importantes, como por
ejemplo, las posiciones de las estrellas más brillantes, los
planetas, la dirección de ocultación y salida de la Luna y el Sol,
y los solsticios y equinoccios. Es un tema largo y apasionante, por
eso, lo sintetizaré en partes, para al menos, contarles sobre las
más famosas construcciones megalíticas alrededor del mundo.
Comencemos con una de las más renombradas: Stonehenge.
Stonehenge se encuentra en la llanura
caliza de Salisbury, en el condado de Wiltshire, en pleno corazón
de Inglaterra meridional. Constituyó un real y desconcertante
enigma, y fue recién para la década del 50, que se logró
determinar la edad del monumento. Se calcula que el inicio en la
construcción de Stonehenge data de 3500 años a.C. y si bien, lo
que actualmente queda de Stonehenge es sólo una "sombra"
de lo que fue, aún así, impresiona el comprender su magnificencia
pasada. Se trata de una impresionante construcción en piedra que a
grandes rasgos consistió de: una franja circular con reborde
excavada sobre el suelo, con 56 orificios; una especie de avenida
que vinculaba a ese círculo con el río Avon, situado a unos 2,2 km
de distancia; unos 90 bloques de gigantescas piedras que conformaron
un círculo de 30 menhires de 4 metros de altura cada uno, coronados
por otra piedra horizontal que unía un monolito con otro. Teniendo
en cuenta que algunos de estos megalitos pesan 26 toneladas,
imaginen que su transporte desde el norte de Wiltshire, supuso una
empresa formidable. Resulta evidente además, que los responsables
de la construcción, poseían gran talento y fuertes conocimientos
de geometría, arquitectura y astronomía. El origen de las piedras,
la orientación de la construcción (de noreste a suroeste), la mano
de obra, y el tiempo empleado en su construcción, indican que
Stonehenge era mucho más que un mero punto de reunión de
agricultores neolíticos. Casi todos los arqueólogos coinciden en
que debió implicar una función religiosa y evidentemente
astronómica. Esta nueva ciencia, la Arqueoastronomía, expuesta por
el astrónomo estadounidense Gerald Hawkins, posibilitó claras
evidencias de que Stonehenge era un gran observatorio astronómico
prehistórico, con sus piedras alineadas según la salida y puesta
del Sol y la Luna, en fechas clave como los solsticios de verano e
invierno. Así, se podían seguir también los movimientos de las
estrellas, predecir eclipses y adorar a los dioses del zodíaco.
Pese a que este templo mítico quedó abandonado desde hace unos
3000 años, lo que queda aún en pié, es suficiente para atisbar su
original magnificencia, y su magia no ha desaparecido. Se ha
atribuido al mago Merlín la instalación de las piedras, y los
habitantes de la región creían que éstas tenían poderes
curativos que podían transferirse al agua y aliviar toda clase de
dolencias. Durante siglos se han celebrado allí reuniones, y los
modernos druidas, acostumbraban a reunirse allí a festejar el
solsticio de verano. Hay muchas construcciones en el mundo que
evidencian ese anhelado vínculo que el hombre, desde sus albores,
deseó tener con el Universo. Lamentablemente, aquí en nuestra
provincia, y en la Patagonia, no existe ningún vestigio de
construcciones megalíticas con fines astronómicos. Ocurre
simplemente, que los autóctonos habitantes de estas tierras, no
llegaron a desarrollar los conocimientos necesarios ni las
técnicas, para emprender esa clase de construcciones. Sí tuvieron
sin embargo, su mitología asociada a los cielos australes, pero de
eso, ya les hablaré en un futuro.
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