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AL SUR DEL UNIVERSO TE CUENTA: Extrañas nubes en el sur

Dalila Giampalmo

Desde tiempos remotos, el Hombre, especie animal de curiosidad inquieta e inagotable, se aventuró en los océanos de nuestro mundo esperando encontrar cosas nuevas. Nuevas tierras, nuevas gentes, nuevos animales, nuevos alimentos, y también entre otras cosas, nuevos cielos. Diseñó entonces naves capaces de flotar sobre las turbulentas aguas marinas, y se lanzó a su aventura de descubrir.
Cuando aún no existían mapas fieles y detallados ni sistemas de orientación desarrollados, los navegantes elevaban sus ojos hacia los cielos y se guiaban con las estrellas. Las constelaciones eran sus "amigas", dándoles tranquilidad y la seguridad de que no estaban errando su rumbo. Pero notaron también, que determinados objetos celestes se veían solamente en el hemisferio norte, mientras que otros, solamente eran visibles desde el hemisferio sur. Esto les fue de gran ayuda, y pronto hubo personas dedicadas exprofeso a observar el cielo y detallar que era lo que veían. Así, encontraron dos objetos raros, lejanos, ténues, nubosos, blancuzcos, que sólo aparecían aquí en el sur, y por cierto, la humanidad tardó bastante en saber exactamente lo que eran.

Desde La Tierra a simple vista, sólo pueden verse 3 galaxias en todo el cielo; el trío pertenece al denominado Grupo Local, una agrupación de más de 30 galaxias que incluye a la nuestra llamada Vía Láctea. Dos de esas tres galaxias visibles son conocidas como Nubes de Magallanes, bautizadas así en honor al explorador portugués del siglo 16 Fernando de Magallanes, (1480-1521) y fueron descriptas en el relato que de su viaje alrededor del mundo, hizo su lugarteniente Pigafetta (dado que Magallanes fue asesinado por los indígenas después de haber desembarcado en las Filipinas).
Esos navegantes a bordo de sus barcos, las veían como un par de brillantes manchas blancuzcas y nubosas en el cielo de nuestro hemisferio sur, y supusieron que se trataba de nubes situadas a gran altitud. La permanente observación de dichos objetos noche a noche en el mismo lugar del cielo, los advirtió de que no se trataba de simples nubes como las que vemos a diario, sino de otra clase de objetos, pero por entonces, ellos no tenían posibilidad de saber lo que eran en realidad. Gracias a los grandes avances en los instrumentos de observación, y al desarrollo de la fotografía astronómica, hoy sabemos que las Nubes de Magallanes son 2 galaxias irregulares satélites de nuestra Vía Láctea. Algunas galaxias poseen formas definidas, elegantes, pero otras como las irregulares, no poseen forma alguna. Semejan grandes salpicones de estrellas esparcidos aquí y allí según el capricho de la madre Naturaleza.
Ambas Nubes están conformadas por miles de millones de estrellas, sólo que debido a su gran distancia en el espacio, desde La Tierra y a simple vista, las percibimos apenas como nubosidades. La luz de estas galaxias, viajando por el espacio a la velocidad de 300 mil Km por segundo, demora 170 mil años en llegar hasta nosotros procedente de la Nube Mayor ubicada entre las constelaciones del Dorado y de la Mesa, y 190 mil años procedente de la Menor, que está en la constelación del Tucán; ambas representan por lo tanto, las galaxias más próximas, siendo la tercera de ellas la gran galaxia de Andrómeda, visible en el cielo septentrional y situada a más de 2 millones de años luz de nuestro sistema Solar, es decir, que su luz partió desde ella rumbo a nosotros, cuando los primeros protohumanos estaban aún aprendiendo a caminar erguidos.

Estas 2 galaxias satélites de la Vía Láctea, las Nubes Mayor y Menor de Magallanes, alojan nebulosas gigantes que poseen gran cantidad de estrellas muy calientes y luminosas, cuya radiación ultravioleta genera un resplandor en el gas que las rodea. Esas son las regiones conocidas como H2.
Sus espectros arrojan información sobre la composición del gas, su temperatura, la causa de su ionización y otros datos valiosos que los astrofísicos analizan.
Dentro de la Nube Mayor de Magallanes, por ejemplo, está N44, una nebulosa cuyo tamaño es de 1000 años luz, y posee una especie de anillo formado por unas 40 estrellas muy luminosas y azuladas. Dichas estrellas generan vientos estelares que arrojan hacia afuera el gas que las rodea, originando así, burbujas gigantes interestelares. Cuando llegan al fin de su existencia, explotan en supernovas eliminando sus capas exteriores a una velocidad de unos 10.000 Km. por segundo.
Los especialistas señalan que es muy posible que algunas supernovas hayan explotado en el último millón de años en N44, y por ello, astrónomos europeos observan nuestras Nubes de Magallanes desde el Observatorio Austral Europeo (ESO) ubicado en La Silla, Chile. Cada región tiene sus particularidades y los científicos esperan develar algún día, algunos de los secretos que guarda la Naturaleza sobre la gestación estelar. El telescopio espacial Hubble, por su lado, ya ha revelado imágenes espectaculares de estos objetos celestes.