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ultra La Tierra, el agua, la vida. (Parte I)

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AL SUR DEL UNIVERSO TE CUENTA: La Tierra, el agua, la vida. Parte I

Dalila Giampalmo
(Guía profesional de astronomía)

En este espacio siempre los he invitado a realizar un viaje imaginario a través del Cosmos de la mano del conocimiento, herramienta que nos permitió asombrarnos y aprender algunos de sus innumerables secretos. Pero hoy, el viaje será mucho más cerca pues nos quedaremos en casa, sí aquí, en La Tierra, en este único, bellísimo e inigualable mundo sobre el cual hace más de 4 mil millones de años se produjo el maravilloso fenómeno de la Vida. Recordemos sintéticamente cómo fueron los orígenes.

Todo lo que conocemos incluidos nosotros mismos, surgimos de una nube cósmica; un gigantesco disco de gas y polvo en rotación que de pronto comenzó a condensarse y desde su centro se formó nuestra estrella, el Sol. De los anillos circundantes surgieron los planetas, entre ellos La Tierra.

La primitiva prototierra condensó en sí misma los elementos más pesados del Sistema Solar interior, y fue tomando forma, siendo para entonces un mundo ardiente. El tiempo transcurrió y el abrasado planeta se fue enfriando paulatinamente hasta que la temperatura descendió lo suficiente como para permitir que la corteza se endureciera formando una frágil corteza. Más tarde entraron en acción los volcanes y gracias a sus emisiones gaseosas se fue conformando una atmósfera primitiva que luego lentamente fue evolucionando y cambiando junto con la aparición de la actividad biológica.

A medida que esos gases atmosféricos se condensaron, empezaron a precipitarse al suelo originando las primeras lluvias que fueron torrenciales e ininterrumpidas por un período extensísimo, en el transcurso del cual, el AGUA se fue acumulando y acumulando comenzando a llenar las depresiones de la superficie. Nacieron así los océanos primitivos y el planeta otrora hirviente y rojo… se tornó azul. Habrán notado que escribí la palabra AGUA en mayúsculas, eso es porque será la protagonista principal de esta nota.

Veamos algo más sobre La Tierra. Es el tercer planeta en orden de distancia desde el Sol, forma parte junto con Mercurio, Venus y Marte, de los llamados planetas sólidos, y es el único en albergar, por lo que sabemos hasta hoy, formas evolucionadas de vida. Vista desde el espacio, La Tierra se presenta como un planeta de un intenso color azul en virtud de su capa atmosférica y al hecho de que dos tercios de su superficie están recubiertos justamente por agua. Pincelado aquí y allá se ven también vaporosos manchones blancos que deambulan por la esfera; se trata de imponentes sistemas nubosos que se forman por la evaporación de las aguas, gracias a los cuales no se acaba el sistema de circulación atmosférico que caracteriza las diferentes estaciones del año.

Nuestro planeta tiene en verdad un nombre indebido, pues si el Hombre hubiera sabido realmente como era podría haberlo bautizado "Océano" o simplemente "Agua", dado que las enormes extensiones del vital y cristalino elemento cubren el 71% de la superficie planetaria. Ciertamente La Tierra es un planeta acuoso, único en este aspecto en todo el Sistema Solar, y quizás único en quien sabe cuántos otros posibles sistemas planetarios del Universo.

Sólo La Tierra en el conjunto del Sistema Solar, está bendecida con el Agua en sus 3 estados. Mercurio es demasiado pequeño y caliente como para sostener una atmósfera y en consecuencia un océano; Venus es también muy caliente (500°C en superficie) y apenas tiene rastros extremadamente tenues de vapor de agua en su infernal atmósfera de ácido sulfúrico concentrado; Marte posee tímidas trazas de vapor de agua y posiblemente algo de hielo en los polos, pero no dispone de agua líquida, el estado imprescindible para sustentar la Vida tal como la conocemos sobre La Tierra. Los ríos, lagos, cascadas, mares, y océanos de nuestro planeta son pues únicos en el Sistema Solar y existen porque La Tierra tiene la combinación precisa de factores como composición, distancia al Sol y temperatura entre otras características físico-químicas, como para producir y retener el Agua en sus tres estados: líquido, sólido y gaseoso.

Respecto a la temperatura de La Tierra, fluctúa dentro de los estrechos márgenes en los cuales el agua permanece en estado líquido, es decir entre 0°C y 100°C, los extremos fuera de los cuales el agua o se congela o se evapora. Como ven, el equilibrio creado por la Naturaleza sobre nuestro mundo es evidente y asombroso, dado que en los vastos ámbitos del Universo las temperaturas tienden a los extremos, hacia el cero en los infinitos espacios interestelares, y a decenas de millones de grados dentro de las estrellas; las temperaturas intermedias son en extremo raras.

El volumen de toda La Tierra es ínfimo comparado con el volumen oceánico, sirva como ejemplo que el pico más elevado del planeta situado en el Himalaya, el Monte Everest de 8.848 m de altura, podría hundirse sin dejar rastro dentro de la Fosa de las Marianas, de 10.860 m de profundidad, localizada en la parte occidental del Océano Pacífico. Cordilleras montañosas submarinas enteras escaparon a nuestra atención hasta hace pocas décadas, y existen aún numerosos hábitats y seres submarinos que aún desconocemos.

El Agua parece haber sido creada ex profeso para hacer de este mundo un lugar hospitalario y apto para la Vida, y el agua forma parte tan importante de nuestra vida que negar su importancia sería una presunción tan errada como estúpida. Ni bien nos levantamos de dormir entramos en contacto con el agua. Al asearnos, al cocinar, al regar nuestros jardines y cultivos; cuando tomamos mate, cuando lavamos la ropa, la vajilla, el auto; cuando damos de beber a nuestros animales, cuando pasamos una apacible tarde contemplando nuestro verde y fresco río, siempre el Agua está presente. Teniendo en cuenta todo esto, ¿no deberíamos detenernos unos instantes a reflexionar sobre la enorme importancia de cuidar y preservar este vital recurso? De eso se trata la segunda parte de esta nota que los invito a leer en la siguiente entrega.