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AL SUR DEL UNIVERSO TE CUENTA: "Entre estrellas y leones"

Dalila Giampalmo
(Guía profesional de astronomía)

 

En el mes de Noviembre de cada año acontece un atractivo fenómeno astronómico; se trata de la lluvia meteórica conocida como Leónidas debido a que aparentan provenir desde la Constelación de Leo.
Popularmente denominado como "lluvia de estrellas" este fenómeno es en realidad el producto de un encuentro entre La Tierra con los restos de un cometa, hecho que se repite anualmente en la misma época del año.

Las "Leonidas" suelen ser de intensidad variable pudiéndose apreciar un promedio de partículas o "estrellas fugaces" que van desde 10 a 20 por hora. La Tierra en su encuentro anual con estos minúsculos fragmentos de roca y metal, atraviesa zonas del espacio con mayor o menor cantidad de ellos, y es justamente durante es mutuo cruce cuando tenemos la oportunidad de observarlas como un espectáculo de fuegos de artificio especialmente durante las noches bien oscuras, es decir sin presencia de la Luna y en sitios apartados de la iluminación artificial.
En 1861 un astrónomo de apellido Kirkwood afirmó que estos corpúsculos eran restos de materia de cometas que alguna vez atravesaron el sistema solar interior. Tiempo después Urbano Le Verrier publicó la órbita de las Leónidas, y cuando la órbita del cometa 55P-Tempel-Tuttle fue examinada en 1866 se hizo evidente la coincidencia y de hecho la identidad de ambas trayectorias. Por todo esto, las Leónidas fueron las primeras lluvias meteóricas en ser identificadas como tales.

Ahora bien, ¿por qué las vemos brillar? Lo que sucede es que esos grupos de micrometeoroides que por milenios fueron desprendiéndose del cometa y desparramándose a lo largo de toda su órbita alrededor del Sol, penetran luego en la atmósfera terrestre atraídas por la fuerza de gravedad de nuestro planeta cayendo a una velocidad de 60 km por segundo, es decir casi 200 mil km por hora. Durante esa penetración sufren una enorme fricción con la misma y se encienden.
Una ilusión óptica nos hace creer que todos los fragmentos emergen de un único punto en el cielo denominado "radiante" aunque en realidad su trayectoria es paralela. Como analogía para comprenderlo piensen en una ruta. Cuando vamos viajando sobre ella sabemos que sus bordes son paralelos, pero si miramos esa misma ruta hacia el horizonte nos da la sensación de que sus bordes se juntan y convergen en un único punto. Del mismo modo actúa la perspectiva en relación con las lluvias meteóricas.

Los restos de materia que originan a Las Leónidas fueron dejados por el cometa 55-P Tempel-Tuttle descubierto en 1865 por Ernest Tempel y en 1866 por Horace Tuttle. Tiene un diámetro aproximado de 4 Km y orbita al Sol cada 33 años. La última vez que pasó cerca de La Tierra fue en Febrero de 1998.

El cinturón de partículas y polvo que La Tierra intercepta y cruza en Noviembre de cada año, tiene unos 200 mil kilómetros de ancho y unos 16 millones de kilómetros de largo. El color de estos fragmentos al incinerarse es generalmente rojizo y suelen dejar tras sí una estela de color verde que persiste durante algunos segundos.
 

Cuando la cantidad de "estrellas fugaces" es abundante se la llama "tormenta de meteoros"; cuando sólo se alcanzan a visualizar pocas decenas por hora durante su pico máximo se las designan como "lluvias meteóricas y son cíclicas, pero cuando se aprecian como tormenta de meteoros es un fenómeno hermoso de apreciar.
Hubo tormentas de meteoros en los años 1799, 1833, 1866, 1966, 1999, 2001, años en los que llegó a verse unos 100 meteoros por hora, habiendo sido las más espectaculares de los últimos 2 siglos las acontecidas en 1833 y 1966.

Los observadores afortunados que habiten en regiones alejadas de grandes concentraciones de luces urbanas y con cielos diáfanos podrán contemplar este fenómeno a simple vista (excepto que se nuble, obviamente), avistando una buena cantidad de "estrella fugaces". Sólo se debe elegir un lugar abierto con horizontes libres y oscuros, y observar en dirección a la constelación desde la cual parecen provenir.
Lamentablemente para aquellos que vivan en grandes ciudades sólo tendrán una visión muy reducida del fenómeno debido a la contaminación lumínica y atmosférica de sus cielos.

Esperemos que la noche se presente diáfana y nos permita disfrutar a pleno a la Leónidas. Hasta la próxima.