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AL SUR DEL UNIVERSO TE CUENTA: "El cabello de los Dioses"

Dalila Giampalmo
(Guía profesional de astronomía)

Desde tiempos remotos los cometas han suscitado temor, admiración, supersticiones y presagios. Sus apariciones ocasionales desafiaban de modo inquietante la idea de un Cosmos inalterable y ordenado por los dioses. De pronto, una espectacular llama blanco amarillenta salía y se ponía junto con las estrellas, aunque noche tras noche menguaba en algo su brillo hasta que cierto día, misteriosamente, desaparecía. Tan intrigante era su visión, que se comenzó a pensar que se trataba de mensajes de los dioses, augurios de la ira divina que predecían la muerte de monarcas y príncipes, la caída de imperios, la derrota en batallas, invasiones, pestes y calamidades por el estilo, incluido el fin del mundo.
Los babilonios pensaban que los cometas eran barbas celestiales; los griegos los imaginaban como cabelleras flotantes de dioses y musas, y los árabes creían ver en ellos a fatales espadas llameantes.

Claudio Ptolomeo, astrónomo griego del siglo II después de Cristo, pensó que los cometas traían guerras, anunciaban temperaturas calurosas, y desórdenes de toda clase. Un obispo luterano llamado Andreas Celichius publicó en 1578, una advertencia teológica según la cual un cometa era "la humareda espesa de los pecados humanos que sube cada día, en cada hora, a cada momento". Todo era posible en la mente de los místicos, aunque afortunadamente allí estaba la Ciencia para revelar la verdadera naturaleza de estos fenómenos. El dato más antiguo registrado sobre el avistamiento de un cometa, aparece en la obra china Libro del Príncipe Huai Nan en el año 1057 a.C, y se trataba del cometa Halley.

Ya los principales astrónomos de los siglos 16 y 17 se sentían fascinados por los cometas, siendo un ejemplo de ello Isaac Newton quien en su etapa de estudiante y cuando aún no había inventado el telescopio reflector, pasó muchas noches seguidas despierto explorando el cielo a simple vista buscando cometas, y lo hizo con tanto entusiasmo que terminó enfermándose por agotamiento.

Desde aquellos tiempos hasta el presente, no hay otro objeto astronómico que capte tanto la atención popular como los cometas. Aparecern súbitamente en el cielo en cualquier período del año permaneciendo visibles durante cierto tiempo, y luego desaparecen. Algunos retornan tras un período de algunos años, pero muy pocos de ellos son lo bastante luminosos para poder ser vistos a simple vista sin binoculares ni telescopio, y curiosamente todos son tan transparentes que es posible observar a las estrellas a su través.

Un cometa típico comienza su viaje muy lejos del Sol, mucho más allá de la órbita de Plutón. Le puede llevar miles o cientos de miles de años alcanzar la parte interior del Sistema Solar dado que todos los cometas siguen órbitas de forma muy estirada, exéntricas.
Presentan un núcleo de material helado mezclado con partículas minerales, y cuando comienzan a acercarse al Sol parte de ese material se evapora, proceso que comienza aproximadamente cerca de la órbita de Marte, formando luego una cola que apunta siempre en dirección contraria al astro. En algunos casos la cola visible puede llegar a ser tan extensa como la órbita total de la Tierra.
Los cometas periódicos describen órbitas elípticas, en tanto que los demás tienen órbitas parabólicas. Entre los cometas que siguen órbitas elípticas, que desaparecen y retornan pasado cierto tiempo, hay que citar al famoso cometa Halley, aparecido por última vez en 1986 y que regresará recién en el año 2062. Pero por suerte no hay que esperar tanto para volver a ver un cometa, dado que en estos momentos hay uno muy bello adornando nuestro cielo nocturno: se trata del cometa Mc Naught.

El descubrimiento de este cometa fue informado oficialmente el 8 de Agosto del 2006 por Robert McNaught, un astrónomo y "cazacometas" australiano muy conocido entre sus pares, quien ya tiene en su haber varios hallazgos de estos cuerpos celestes así como de asteroides. Lo descubrió el 7 de Agosto cuando transitaba por la constelación de Ophiuchus. Las informaciones recibidas anunciaban que podría ser visible durante los atardeceres, al menos con binoculares, para mediados de Enero del 2007 cuando visitara el Sol para circundarlo y luego regresar a los confines del Sistema Solar, y así ocurrió.

Veníamos transitando por la ruta de regreso de Trelew a Gaiman. El atardecer se apreciaba muy bonito con las clásicas nubes ruborizando el horizonte Oeste. Como es mi costumbre, siempre observo hacia el cielo, y de pronto veo algo "muy sospechoso" . El objeto, algo difuso aún por la luz del ocaso, presentaba todas las características de un cometa. –"Charli, fijate aquello que se observa hacia el Oeste, estoy casi segura que es un cometa"- Comenté a mi esposo. Él oteó el horizonte y luego de encontrar la imagen me dijo: "yo no sé, pero que es algo raro, es raro".

Efectivamente, el objeto era el anunciado cometa Mc Naught, sólo que desde nuestros cielos patagónicos pudimos verlo bastante antes de que la noticia se divulgara en los medios de comunicación. Imagínense mi alegría.
El último cometa que pude apreciar en vivo y directo fue el Iakutake en el año 1995, pero comparativamente la imagen del Mc Naught es mucho más majestuosa. Por la noche se lo vio maravilloso, con su cabeza o núcleo bien brillante y su larga "cabellera" o cola extensa, delicada, etérea y blanquecina curvándose hacia atrás. Aún puede apreciárselo a partir de la hora 22:30 aproximadamente en dirección SSO (Sur-Sudoeste), con una magnitud o brillo de -5 (es el más brillante de las últimas décadas), siempre que el horizonte este despejado. Con el correr de los días el cometa se verá cada vez más alto sobre el horizonte pero su brillo irá debilitándose paulatinamente. Pese a ello, podrá ser observado hasta mediados de Febrero.

Si gustan, los espero por las noches a partir de las 22hs, si es que está despejado, para observar a Mc Naught a través de telescopios. Hasta la próxima.