Frase repetida por
si las hay: "parece mentira, ¡ya pasamos la mitad
del año!", y así es. Conforme avanzan los meses
vemos también cómo paulatinamente van alargándose
los días y la ansiedad por la llegada de la tibia y
florida Primavera aumenta. Es más que evidente
nuestra estrecha relación con los ciclos
estacionales de la Naturaleza, que, si se reflexiona
sobre ello, no es más que el eterno movimiento de
nuestro planeta en torno al Sol, y la particular
inclinación del eje terrestre, hechos que nos
enmarcan dentro de cada uno de tales ciclos con los
evidentes cambios naturales que se van produciendo
cuya comprensión tuvo enorme importancia para el
desarrollo de muchas actividades humanas.
Observar el cielo permitió en parte, la comprensión
de estos fenómenos y el surgimiento, entre otras
cosas, de mitos y leyendas relacionados al cielo
nocturno, que fue poblándose de objetos y seres que
diferentes pueblos de La Tierra imaginaron ver allí
entremezclados con las estrellas.
Dentro de ese marco conceptual es que
vengo desarrollando desde hace un tiempo, la visión
astronómica del cielo pero partiendo desde las
fantasías que colocaron en él multitud de cosas,
entre ellas animales, muchos de los cuales están
agrupados dentro de este particular grupo al que se
llamó "Zodíaco" (círculo de animales) en el cual se
basó la astrología para crear a partir de ellos su
fantasiosa pretensión de vincular la vida y los
destinos de la gente con los astros del universo.
Estamos transitando ahora, según dice la astrología,
por el signo o más correctamente, Constelación de
Leo, a la que pertenecen todas las personas nacidas
entre el 22 de Julio al 22 de Agosto. Veamos ahora
su descripción según la Astronomía.
Leo es la quinta constelación
zodiacal y debido a su posición en el cielo y su
tamaño, es fácilmente distinguible desde ambos
hemisferios. Dentro de los límites de esta
constelación yacen interesantes objetos
astronómicos. Para empezar, su astro más destacado
es Regulus (alfa leonis) cuyo nombre en latín
significa "pequeño rey".
Es una estrella de primera magnitud (1.35), de color
azul y tiene una compañera 330 veces menos luminosa
y de color anaranjado, es por lo tanto un sistema
estelar doble. Regulus, mitológicamente, representa
el corazón del gran león. Otro sistema estelar doble
muy llamativo es Algieba, conformado por 2 estrellas
de color amarillo-anaranjado de magnitudes 2.2 y 3.5
respectivamente. Otra estrella digna de mencionar es
la llamada simplemente "R", un astro de color rojo
vivo que varía su luminosidad en 313 días pasando de
la magnitud 4° a la 11°.
La parte posterior del León está delineada por un
triángulo de estrellas, rematando la punta de la
cola la luminosa Denébola (beta leonis), de color
blanco-azulada y magnitud 2; su nombre justamente
significa en árabe "cola del león".
Otros objetos celestes destacables
albergados dentro de los límites de Leo, son dos
galaxias espirales catalogadas como M65 yM66.
También hay un curioso trío de galaxias situado
cerca de la estrella Regulus; se trata de M95 y M96
ambas de forma espiral, y M105 de forma elíptica.
Mitología
Su representación imaginaria es un
gran león macho parado. Los poblados de la península
helénica imaginaban ver en este grupo de estrellas
al gran león que solía merodear por la selva que
circundaba a la antigua ciudad de Nemea. Según sus
creencias mitológicas, este animal habría caído
desde la Luna en forma de piedra, algo que los
astrónomos designaríamos como "meteorito", y una vez
en tierra se corporizó en un león que posteriormente
asoló la región de Corinto, tanto, que debieron
pedir ayuda al valiente Hércules para que fuera a
cazarlo y darle muerte con su arco y flechas.
Enfrentados ambos, Hércules comprobó que el temible
felino era inmune a los flechazos, por lo que
decidió conducirlo hasta un acantilado y procurar
que cayese al vacío y al agua, propósito que se
cumplió muriendo ahogado el león.
Los antiguos egipcios por su
parte, convirtieron al león en una deidad, y solían
adorar imágenes que representaban la cabeza de este
felino; prueba de ello es que muchas esfinges tienen
notable parecido con la melena y cara leoninos.
Necepsos, uno de los tantos reyes egipcios, pensaba
que la creación del Sol o "Ra", ocurrió en la región
del cielo en donde se ubica la constelación de Leo,
más exactamente en el punto en donde está la
estrella Denébola.
Los babilonios y otras culturas del suroeste de
Asia, también vinculaban al Sol con la imagen de
Leo, dado que acertadamente ellos observaron que el
solsticio de verano acontecía cuando el Sol estaba
en esa parte del cielo. Por su lado, y hacia el
punto opuesto del planeta, los Incas imaginaron ver
en ese conjunto de estrellas, a la figura de un
puma; notable coincidencia que todas estas culturas
que jamás tuvieron contacto creyeran ver allí la
figura de felinos.
Como ven queridos leoninos, hay
muchas cosas interesantes que ahora podrán comentar
sobre su signo o constelación. Hasta la próxima.