|
|
Prostitución, oficio que no aplaudo porque no soy quien pero que no censuro
porque soy menos quien. Hay quien vende su cuerpo por necesidad y quien porque se le
antoja, ni yo podría enterarme, pero solamente Dios puede saber quien vende el alma o no
y porque, pero yo jamás me enteraré. No todo lo malo es tan malo cuando para mi es bueno,
pero todo lo bueno del mundo si a mi no me gusta es malo, siempre fue así. Pero esta vez
ni la compro ni la vendo, solamente pinto sobre la tela de una sabana agujereada los
rasgos incoherentes pero nítidos de un absurdo e inteligente paisaje milenario tan fresco
de antigüedad como de futuro. Pésame Dios mío de haberos ofendido, pero pésate tu
también por haberme enseñado a ofender
Puntillas de
auroras tristes percal de espuma en el aire.
dolor de saber que existo cuando termina la tarde.
Tristeza de ser apenas una penumbra que arde
y en la noche caliente helarme, tan solo helarme
Pocilga de conventillo, guarida de traficantes
Mercado sin municipio cambiando necesidades
Patrón de cobijas pobres donde se cuaja la carne
Paredes de color sucio manchadas de tizne y mate
Donde muere la esperanza nace otro amor que no late
Al diablo con los azules que poco suele gustarle
Por cada vez que vomito ando pisando en el aire
por cada razón que busco encuentro necesidades
Por no saber cuando es nunca no tengo nunca ni cuando,
la misma ley que condena a veces ata el caballo
Me queda la caridad de ser percal en el clavo
colgado de la pared testigo del zafarrancho
Puntillas de auroras tristes percal de espuma en el aire.
dolor de saber que existo cuando termina la tarde.
Tristeza de ser apenas una penumbra que arde
y en la noche caliente helarme, tan solo helarme
José Larralde |