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Las tiritas blancas |
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Después de muchos veranos volví a mi viejo club de sindicato,
aún seguía afiliada. Habían pasado unos 10 años. Allí aprendí a nadar , tenía unos
11 o 12 años, iba con mi mamá y hermana, teníamos un muy viaje muy largo y por eso
salíamos temprano para llegar a las l0 de la mañana, mi papá no iba por cuestiones de
su trabajo. Eran nuestras vacaciones. Además hacía algo de tenis, paleta sobre frontón
y lo que más me gustaba: patín. Me probaron para competencia de velocidad, y no se
porqué mis padres no me autorizaron. Eso si a NADAR!! Y aprendí y según dicen no lo
hacía mal, hasta llegué a competir para otro club. Volví y estaba todo igual, seguía pulcro, poca gente y el mismo guardavidas alías bañero- . Aquél que alardeaba de sus músculos colgándose de los parantes del trampolín, para que nuestras jóvenes mamás lo miraran. Seguía con sus sesiones de gimnasio, algo más gordo y mayor pero con todos sus músculos al aire, ahora tendría unos 50 y algo , y seguía con su costumbre de colgarse del trampolín . Yo para ese tiempo había adquirido la costumbre de tomar sol
y cuando sacaban a los menores de la pileta entraba y comenzaba a nadar, cada día unos
cuantos largos más, lo que no había cambiado era mi falta de comunicación con la gente.
Con el guardavidas un Hola y una Hasta mañana. Graciela 45 años Prov Bs As (Argentina) |
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