|
La historias de Fernando |
|---|---|
| Principal / Menú Historias de Vida | |
|
Actualmente tengo 27 años de edad, nací en la provincia de Tucumán, y pertenezco a una
familia numerosa de ocho hermanos, nueve incluyéndome a mí. Mi infancia se desarrolla incursionando en distintos institutos de menores; ya que a los ocho años , paso de ser un niño contenido en su hogar a un chico de la calle, porque estaba gran parte del día vagando de aquí para allá. Yo creo que la causa principal de ello fue que me sentí desplazado por los hijos que comenzaron a tener mis hermanas y que como eran solteras, se quedaban a vivir en mi casa; acaparando mis sobrinos el cariño de mi madre, y fue así que poco a poco estaba cada vez menos en mi casa. Pese a que mi familia me ponía los límites necesarios para un niño de esa edad, yo no los acataba debido a que mi carácter fue siempre muy rebelde. Mi incursión en el delito
comienza más o menos a los doce años y por lo tanto también, a esa edad, mi
estadía temporal en los distintos institutos de menores en los que estuve. Ya que
cuando me internaban, mi familia me retiraba, pero al poco tiempo volvía otra vez. Los
Institutos de Menores en los que estuve fueron: Para poder sobrevivir en estos tétricos "reformatorios", se debe ser muy "hombre", pese a la corta edad de los niños que allí ingresan . Cuando se ingresa , en primer lugar se lo somete a un aislamiento, luego se lo asigna a un grupo determinado, el cuál tiene un jefe que lo prueba al que recién ingresa, pidiéndole algo que le gusta, por ejemplo, las zapatillas, si uno se las entrega, pierde el respeto de todo el grupo , ya que, se abusan de él y pasa a ser la "la mujer", de todos, porque debe lavar y limpiar la ropa de sus compañeros y además es violado, por la mayoría. Para los chicos que están en
los institutos, ese es el escalón más bajo al que se puede descender La manera de hacerse respetar en la cárcel, es similar a la que viví en los institutos, pero para defender mi dignidad, cuando llego me entregan un balde y dos "facas", yo debía elegir; limpiar o pelear por mi hombría. Y así es que tengo tantas cicatrices en mi cabeza. En olmos nunca fui castigado, al contrario siempre tuve buen comportamiento. En cada pabellón de esta unidad pueden vivir desde una persona hasta veinte, ello depende del poder adquisitivo que se tenga. De aquí me trasladan a la Unidad 24 de Florencio Varela, en la que estoy dos años y medio; aquí trabajo afuera y adentro del muro, haciendo distintos trabajos y cumpliendo un horario de 8 a 12 hs y de 14 a 18 hs, ganando treinta pesos cada tres meses, (dentro de la cárcel eso se llama peculio). Tuve tres peleas con distintos internos, motivo por el cuál estuve castigado en el "buzón", es una celda de 2 metros por tres metros, donde sólo hay una tarima y un inodoro. Paso luego a la unidad 32 de
Florencio Varela, y me trasladan por buena conducta, esto era como un premio, porque allí
hay calefacción dentro de las celdas y también afuera; la comida era muy buena.
Trabajaba de parquero, y en trabajos de limpieza. Tengo la suerte que mi familia nunca me abandonó. Tengo un hijo de 5 años, por el que sé que debo luchar de ahora en más, ya que obtengo mi libertad dentro de dos días. Uno de mis hermanos (Mario) me ofreció trabajar como empleado de él y de su socio en un negocio mayorista de artículos varios, atendiendo el mismo. |
|
|