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Máquina expendedora |
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| Principal / Índice para Sonreír | |
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Dos curas estaban hospedados en un convento para
participar en un gran evento religioso. Para no incomodar a las
hermanas que residían allí, los padres salían poco de su cuarto y tomaban el
baño muy tarde, para no encontrarse con ninguna monja. Una noche, salieron de su cuarto a tomar el baño y, ya estando allí, se dieron cuenta de que no había jabones. Entonces uno de ellos dijo: "Yo tengo jabones en mi cuarto. Voy a buscarlos." Pensando en ganar tiempo y sin imaginar que pudiera aparecerse alguien a esas horas, el padre fue a buscar los jabones completamente desnudo. Ya en su cuarto, tomó dos jabones, uno en cada mano, y se dirigió al baño, donde lo esperaba el otro padre. A mitad del corredor, se encontró con tres monjas que se quedaron perplejas. Como no había donde esconderse, el padre se pegó a la pared y se quedo inmóvil, como una estatua. Las tres hermanas se acercaron a la estatua, admirando la perfección de la obra, hasta que una de ellas llevo una mano a los genitales y jaló el miembro del padre, que, asustado, dejó escapar un jabón. La segunda monja exclamó: "¡Madre Santa! ¡Es una estatua expendedora de jabones!" Las hermanas se quedaron maravilladas y, para comprobarlo, la otra hermana también jaló del miembro del padre, que inmediatamente soltó un jabón más. Entonces, la tercera monja repitió la operación y no vio ningún jabón. Intentó jalar una vez mas ¡y nada! Otra vez y otra vez, todo para recibir un jabón, y nada. Hasta que gritó, llena de entusiasmo: "!Hermanas, la estatua también suelta shampoo!" Gracias Sra. Gilda |
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