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Qué extrañas criaturas somos ¿Verdad?. Seres
racionales, seres vivos a los cuales la naturaleza nos ha regalado esta
capacidad de raciocinio, de estar por sobre el resto de los seres vivos,
de ser lo más alto de la escala animal y de tener ese don de la
comprensión e incomprensión.
Hoy la tecnología nos regala
sorpresas, nos asusta con sus adelantos, nos sorprende con sus hallazgos. Y aquí estamos,
comprendiéndola o ignorándola, uniéndonos a ella o desechándola, y así de a poco se
introduce en nuestras vidas, en lo cotidiano. Hasta por momentos sus hechos nos parecen
triviales, absurdos y sin sentido. Nos hundimos en un mar desconocido, nos sometemos a
extraños interrogatorios de alguien que no vemos y no palpamos, de quien no conocemos su
identidad y quizás nunca conoceremos. Y en eso reside el encanto, en lo mágico e
incomprensible, en lo irreal que nos atrapa y nos subyuga, que nos devora con sus dudas y
que no revela tampoco nuestra identidad; la esconde tras la fría luz de la pantalla donde
nuestros pensamientos se hacen palabras a través de teclas que nunca pueden expresar
nuestros sentimientos, sino parcialmente, preguntas que vienen y van, que se mezclan y
funden en un crisol etéreo, volátil.
¿Magia de la tecnología?
Así estaba yo navegando en
este mar de extrañas criaturas etéreas, de caprichosos nombres que esconden su verdadero
dueño, como si ya el medio no fuera demasiado anónimo.
De repente, alguien propone
que por un momento naveguemos juntos, que nos sometamos a esas clásicas preguntas, casi
de rutina.
- ¿Quien eres?- Como si
acaso nuestra respuesta sirviese para develar la identidad al que está del otro lado;
pero aparece aquí y ahora, a nuestro lado cercano y distante a la vez.
- Hola, soy Medusa -propone
- ¿Quien eres?
Mi imaginación una vez más
vuelve a tener alimento y corre rápido a devorarlo para dar a luz algo extraordinario. E
imagina entonces a esa extraña criatura de finos filamentos, frágil y transparente.
- ¿Quien eres? -insiste
No sé aún por qué me ha
elegido o yo la he interrogado, por qué extraño encanto nos hemos cruzado.
Mi respuesta no puede esperar
y contesto con toda la premura que me permiten mis acalambrados dedos.
Mi imaginación prueba otro
bocado y divaga, ¿de que recóndito mar provendrá?
- ¿Que edad?
- ¿Que hacés?
- Como si mis respuestas
dieran luz a alguien que ya proponen descifrar, pero que no resultarán fáciles para una
medusa.
Y mi contestación se
trasforma en pregunta del otro lado;
- Te propongo un juego.
La medusa accede, le intriga.
Este es un mar incomprensible, claro y transparente por momentos, pero oscuro y peligroso
otros.
Pero no tiene miedo, el lugar
la protege, el tiempo y la distancia no pueden ser derribados en este medio; una muralla
de paredes infinitas la protege. esa que no existe pero está que no palpamos pero
imaginamos.
Aún así la medusa es
frágil, puedo ver su corazón, ¿o lo imagino? Es trasparente, lo veo latir y trato de
atravesar su delicada coraza.
Y no sé si lo consigo, ni
siquiera sé verdaderamente si se trata de una medusa o de un engreído pez que cree ser
el rey del mar.
Pero no importa; mi
imaginación sigue ávida de alimento y debo hacerlo par saciar su hambre, aunque más no
sea con un pequeño pez multicolor. Por eso continúo.
- ¿Quieres navegar conmigo?
-Con un viejo y cansado tiburón que desde hace décadas ya ha dejado de acechar a sus
presas, cuyas fauces ya no son las de antaño, las de esa juventud esplendorosa cuando
nadaba impetuoso, respetado hasta por sus semejantes, cuando otras especies murmuraban a
su paso. Aún así, mi mente y lucidez permanecen intactas.
El mar se ha calmado por un
momento, sus especies se mantienen inmóviles y todo transcurre lentamente. Rosados
salmones se cruzan con cardúmenes de plateadas anchoas, que nadan con rapidez hacia un
viejo coral en busca de alimento.
Y yo pregunto si aún estás
ahí, medusa, o has abandonado rápidamente este juego que te he propuesto. Quizás nades
en otros mares lejanos.
- Aún estoy aquí -me
contesta
- Juguemos a este extraño
juego. Estoy aquí, sola y desprotegida en un hábitat que no conozco. Me he perdido yendo
detrás de un calamar petulante, que casi me ha ahogado con su tinta.
Y le creo, aunque más no sea
para inventar otra historia de final incierto.
La medusa es peligrosa,
su veneno puede ser mortal, pero me arriesgo.
Debajo de esa belleza
natural se esconde su ponzoña; sus tiernos y delicados filamentos se transforman en armas
mortales para su presa, pero no pienso y me entrego. Dejo que cabalgue sobre mí; aún no
se si se trata de una medusa.
Vamos medusa ; vamos
nademos hacia aquella isla. Sus acogedoras playas nos darán la bienvenida, atravesemos
esta barrera de coral que nos separa.
El viejo capitán de un
barco, parado en la cubierta, observa nuestro paso, nos ve luchar contra las agitadas
aguas de ese mar extraño plagado de seres sobrenaturales y terrenos, de historias con
finales felices y de otras no tanto, de amistades virtuales.
Mientras mi
imaginación sacie su apetito, ven, no tengas temor, cuéntame tu historia de viejos
bucaneros, de infinitas batallas libradas a la vida, de peleas con peces de coral. Ven,
las tranquilas aguas de la costa son un buen lugar para chatear,César Daniel AcostaFuente: revista PC Users |
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