Cuando cesó la transmisión telefónica el Ing. Astigueta, creyéndose
víctima de una broma, dijo enojado: "Che, Cardini, dejate de joder y decime que
está ocurriendo en la línea". Por el teléfono se oyó una voz que dijo: "No
soy Cardini, el cual se encuentra bajo custodia de este comando, pero si Ud. quiere
podemos ponerlo en la línea para que Ud. se percate de que esto va en serio".
Astigueta sintió que le corría un sudor frío y tartamudeando rogó que pusieran al
habla con Cardini, el supervisor de turno en el tablero de carga de El Chocón. Cardini
con voz serena y casi sin emoción lo impuso a Astigueta de lo que había ocurrido, de la
toma de la central por un comando suicida, el dinamitado de las turbinas y de las playas
de transformadores, etc. Cuando terminó le dijo a Astigueta: "Apurate hermano a
transmitir el mensaje al Presidente porque las papas queman y esta gente está dispuesta a
todo".
Astigueta corrió al teléfono policial para
comunicarse con el Presidente de Agua y Energía que a esa hora todavía estaba en su
despacho, el cual enterado del mensaje, puso en duda la veracidad de toda esa historia que
calificó de "rocambolesca" y ordenó a Astigueta que preparara el avión de la
empresa para ir a ver en el lugar lo que estaba ocurriendo. Por las dudas lo impuso de la
novedad al Presidente de Hidronor.
Mientras tanto, y a pesar de su incredulidad, se
comunicó con el Ministro de Energía que casi sufre un desmayo al oír la historia y que
a su vez transmitió al Presidente de la Nación por el teléfono policial, el increíble
mensaje recibido en el despacho de cargas.
El Presidente Miguel Solanas Alvarez se hizo repetir
varias veces el mensaje mientras las máquinas teleimpresoras sacaban varias copias.
Enseguida, con gran serenidad y después de exclamar: "¡Estos sureños!"...
ordenó convocar al gabinete de Ministros y a los Jefes de los Estados Mayores, mientras
telefoneaba al Ministerio del Interior para conocer si allí se sabía algo de lo que
realmente estaba pasando. Cual no sería su estupor cuando el Secretario del Ministro, el
cual ya había salido para el despacho del presidente, le informaba que se habían
recibido cuatro comunicaciones de los cuatro gobiernos de las Provincias Patagónicas
manifestando que en razón de las circunstancias, las cuatro legislaturas y los propios
Gobernadores habían adherido al Gobierno Provisional de los Estados Unidos de la
Patagonia y se solidarizaban con su actitud por lo cual se consideraban estados
independientes de la Nación Argentina y autónomos económicamente, manifestando también
su firme decisión de armar al pueblo patagónico para repeler cualquier agresión. Todos
los teléfonos de la Casa de Gobierno comenzaron a sonar, no se daba abasto para atender
los llamados de las unidades del Ejército que transmitían al Presidente las novedades
ocurridas y requerían órdenes para proceder. El Presidente Solanas Alvarez gritaba a voz
en cuello: - "¡Por favor! ¡No hagan nada!! ¡Todo el mundo quieto hasta que
analicemos la situación! ¡Que venga enseguida el Jefe del Estado Mayor Conjunto!".
No hubo necesidad de repetir, pues en ese momento ingresaba con rostro descompuesto al
despacho del Presidente y lo incriminaba: - "Sr. Presidente, este es el resultado de
su política, ahora tenemos a Chile sobre nosotros a la altura del Río Colorado, dígame
¿ahora que hacemos? "Por favor General no dramatice las cosas. Espere un
momento, tal vez podamos dominar la situación mucho más fácilmente de lo que Ud. se
imagina. Déjenos a los políticos decidir sobre el particular". Volviéndose a su
Edecán le pidió que conectara la televisión. En la pantalla apareció un locutor que
con cara de sorpresa leía comunicados recibidos desde la Patagonia originados en la
Agencia de Noticias Los Andes, entidad privada al servicio del Gobierno Provisional de los
Estados Unidos de la Patagonia. El locutor no sabía que decir y comentar. Todo le
parecía absurdo, pero esos mensajes estaban saliendo del teletipo y no había duda
posible de que alguien los estaba emitiendo. En un momento determinado el locutor dio
cuenta de la Declaración de Independencia hecha por los cuatro Gobiernos Patagónicos y
de un comentario que procedía de Comodoro Rivadavia, donde la población se había
volcado a las calles celebrando la independencia y pidiendo armas para combatir a los
porteños. También había intercepción de despachos del Gobierno de las cuatro ex
provincias argentinas a las provincias del Norte y de Cuyo pidiendo se adhirieran a la
causa patagónica y presionaran al Gobierno de la Casa Rosada a proceder al reconocimiento
de los Estados Unidos de la Patagonia. Todo empezó a convertirse en un pandemonium, pues
los embajadores de los países extranjeros comenzaron a abrumar a la Cancillería para que
explicara la situación. El canciller se refugió en la Presidencia y hacía contestar que
más tarde se daría un comunicado oficial al respecto.
El Comando de Aviación hizo suspender todos los
vuelos a la Patagonia, pero no pudo impedir que los aviones que estaban haciendo escala en
aeropuertos patagónicos fueran incautados por los gobiernos locales o puestos a
disposición del Gobierno Provisional. En Caleta Córdova y en Caleta Olivia, los obreros
resolvieron no cargar petróleo en los barcos que esperaban mar afuera para llevarlo a San
Lorenzo y a Bahía Blanca.
Entre tanto iban llegando los ministros a la Casa de
Gobierno y cuando ya era imposible poner orden, logró el Presidente hacer sentar a los
que pudo, mientras otros asistieron de pié a la reunión ministerial más absurda de la
historia argentina. La exposición del Secretario de Energía fue contundente, sin gas y
sin petróleo era imposible prestar los servicios en la Capital y en el Gran Litoral.
Reforzando los suministros del Norte y pidiendo desvío de buques petroleros de las
empresas extranjeras, no podía impedirse la paralización total de la vida de la ciudad.
Las usinas eléctricas sin gas ni petróleo y sin el aflujo de electricidad del Chocón,
apenas podían mantener los servicios de algunas oficinas de Gobierno y uno que otro
hospital. Había que desalojar inmediatamente la población civil de los centros urbanos,
donde no se podía accionar bombas para abastecer de agua a los edificios elevados. Los
fluídos cloacales se atascarían en toda la red domiciliaria. Por supuesto todos los
transportes pararían. Las propias Fuerzas Armadas no tendrían combustible suficiente
para una acción de envergadura. La situación no podía ser más tremenda y angustiante.
El Presidente con cara empalidecida por la rabia y por la emoción, preguntó que
ocurriría si los comandos suicidas hacían las voladuras que habían anunciado. El
Secretario de Energía contestó simplemente: -"Mejor ni pensarlo, Sr. Presidente,
seria el caos y por varios años no podríamos reparar los daños en medio de trastornos
tremendos". La cabeza del Presidente giró lentamente hacia el Jefe del Estado Mayor
Conjunto y el Secretario de Defensa que estaban sentados juntos a su lado. No fue
necesario ninguna pregunta. El General Diaz Usandivaras dijo con tono ciertamente
dramático: - "¡Sr. Presidente, parlamente con el dicho Presidente de ese Gobierno
Provisional!". Un murmullo de asombro se extendió en el salón y después fue el
gran loquero. Todo el mundo hablaba y salían a la luz reproches de todo tipo.
"¿Por qué no arreglaste lo de las regalías?", le enrostraban al Secretario de
Energía. El Presidente apartó al Ministro del Interior y le dio instrucciones para que
utilizando la misma línea telefónica de El Chocón comunicara al Dr. Anibal Alejandro
Garmendia que estaba dispuesto a conferenciar con él en el lugar y hora que indicase en
la seguridad de que ambos encontrarían una solución al conflicto planteado. La
transmisión se hizo inmediatamente y casi enseguida se recibió la respuesta. Antes de
cualquier parlamento era imprescindible que se hiciera oficialmente y por medio del
Congreso, la declaración de que los Estados Unidos de la Patagonia eran una Nación libre
e independiente de la Nación Argentina y solamente asociada en el mantenimiento de una
estructura económica, social y política que se mantuviera dentro de las tradiciones
argentinas. Veinticuatro horas para contestar por sí o por no.
Las siguientes diez horas fueron empleadas en
convocar al Congreso para hacer la declaración solicitada, en medio de una escandalosa
sesión parlamentaria en que los diputados y senadores por las Provincias Patagónicas
fueron objeto de toda clase de agresiones y se vieron en la necesidad de retirarse del
recinto. Antes de retirarse el Diputado por Neuquén Dr. Eleuterio Cardoso, pudo hacerse
escuchar en medio del griterío general: - "No queremos seguir siendo los kelpers de
los argentinos". Por su parte el Senador Llaquele de Chubut pudo expresar algunos
conceptos que se rescataban en medio de los denuestos de que era objeto: -
"¡Inglaterra trató mejor a sus colonias que la Argentina a la Patagonia!"... y
otras como: - "¡Por mucho menos de lo sufrido por la Patagonia las colonias
americanas se independizaron de Inglaterra!"
Finalmente, después de la declaración del
Congreso, el Presidente argentino fue citado para concurrir a una reunión con el
Presidente Patagónico en un lugar desértico de la Provincia de Chubut, cerca de Colian
Conhué, sitio histórico donde las últimas tribus patagónicas habían sido derrotadas
por el Ejército Argentino.
Allí se había levantado una instalación precaria
para la raunión de los integrantes de los dos Gobiernos. El Presidente patagónico
saludó con gesto severo pero no agresivo al Presidente argentino y hechas las
presentaciones de sus comitivas, ambos se introdujeron en una carpa de campaña donde una
mesa sencilla con dos tazas de café ya servidas los acogía para la magna ceremonia.
-"Sr. Presidente," comenzó diciendo el
Presidente Provisional de la Patagonia, -"lamento que hayamos tenido que recurrir a
estos medios para hacer valer nuestros derechos." El Presidente argentino Solanas
Alvarez contestó que lo lamentaba mucho más en cuanto se trataba de un acto suicida y
que no podía durar más que el tiempo necesario para retomar el dominio de la región
pretendidamente independizada, por todos los medios que la Nación Argentina podía
disponer, llevando ejércitos numerosos como lo hiciera en la gesta de la independencia de
España. "No olvide Señor que la Argentina supo oponerse y vencer a las
naciones más poderosas de entonces."
El Presidente patagónico, Dr. Anibal Alejandro
Garmendia, después de escucharlo y tras un breve silencio manifestó: - "Sr.
Presidente, no me considerará Ud. tan tonto como para meterme en este asunto tan grave
sin haber tomado las debidas precauciones y previsto sus eventuales consecuencias. Tampoco
debe Ud. considerarme un traidor a la patria si le manifiesto que así como la Nación
Argentina buscó aliados en su guerra de la independencia, Los Estados Unidos de la
Patagonia, pueden hacerlo comenzando por sus dos más próximos vecinos: Chile e
Inglaterra. O Ud. se olvida Sr. Presidente que Inglaterra está a 450 Km de la costa
patagónica con una formidable base militar."
- "¡No puedo creer que Ud. haya llegado a este
grado de humillación como para pedir ayuda a los tradicionales enemigos de la
Argentina!", contestó fuera de sí y a los gritos el Presidente argentino.
"Perdón Sr. Presidente, yo no necesitaré pedir ayuda alguna, ni la he pedido, ni la
pienso pedir. Sólo me he limitado a plantear a las naciones más importantes del mundo el
reconocimiento de mi gobierno. En este sentido, Chile e Inglaterra estoy seguro de que
serán los primeros en hacerlo. Y como Ud. Sr. Presidente es de la Provincia de Buenos
Aires, le recuerdo que me apoyo en antecedentes muy valiosos y que Ud. conoce muy bien,
por ser oriundo de una provincia argentina que pidió el reconocimiento de las Naciones
Europeas y de Estados Unidos como Estado libre e independiente de la Confederación
Argentina en 1853. Aquí no hay más traición a la Patria que la que cometieron quienes
ignoraron los derechos de los patagónicos y los mantuvieron en la más infame dependencia
colonial. Sr. Presidente, los minutos son valiosos. Ud. debe decirme si acepta a no
confirmar en todo la declaración de su Congreso y para comenzar a negociar libremente y
como dos Estados soberanos las condiciones en que vamos a iniciar este nuevo tramo de
nuestra vida política, asociando nuestros intereses en el respecto mutuo de nuestros
derechos."
El Presidente argentino solo atinó a agregar: -
"Evidentemente Ud. me chantajea y lamentablemente no puedo escapar al chantaje. En
Buenos Aires no nos dimos cuenta de que estábamos armando una bomba de tiempo con estas
obras de El Chocón y esta historia del gas y del petróleo. Tendríamos que haberlos
tratado realmente como colonos y puesto una fuerza armada al lado de cada dique y cada
gasoducto u oleoducto. Pero ahora Ud. me tiene en sus manos. Pero dígame sinceramente
¿es cierto que Chile y Gran Bretaña reconocerán su gobierno?" "Vea Sr.
Presidente", contestó el Presidente patagónico, - "no solo que lo harán
inmediatamente, sino que harán declaraciones manifestando que toda agresión hecha a los
Estados Unidos de la Patagonia será considerada un acto de guerra contra sus propios
países y si sus servicios de inteligencia, Sr. Presidente, funcionaran correctamente,
habría sabido antes de salir para aquí que ambos países han dado orden de movilizar
todas sus fuerzas armadas. Pero hay algo que seguramente a ud. lo compensará de estas
cosas tan desagradables, Gran Bretaña entregará las Islas Malvinas, Sandwich y Georgias
del Sur a la soberanía de los Estados Unidos de la Patagonia y formalizará con nosotros
un tratado de paz que lleva implícita nuestra participación con todos nuestros productos
en el mercado inglés y de sus dominios a cambio de la preservación de los intereses
británicos que sean afectados por el cambio de soberanía. Chile, por su parte, nos
entregará el dominio de las tres islas del Beagle." "¡Nos queda
Brasil!", exclamó el Presidente argentino "se opondrá al dominio de los
mares del sur por una nación extranjera. Se unirá a nosotros. Lo mismo Paraguay,
Venezuela, Perú y Colombia.
Con mucha calma el Presidente patagónico le
alcanzó un télex que decía: Itamaraty ha informado confidencialmente a nuestro enviado
que está emitiendo un comunicado al Gobierno Argentino, advirtiéndole que cualquier
acción armada contra los Estados Unidos de la Patagonia será considerada como el
rompimiento del necesario equilibrio en los mares del Sud y obligará a Brasil a movilizar
sobre la frontera argentina y uruguaya.
El Presidente argentino bajó sus brazos. Se tomó
la cabeza entre las manos y dijo: - "¡Qué desastre, que ciegos hemos estado!,
¡malditos porteños!
Cuando los dos presidentes salieron de la carpa y se
unieron a sus acompañantes el viento patagónico soplaba con toda intensidad sobre el
inmenso erial. Las caras mostraban las distintas emociones. No había evidentemente
triunfadores, más bien un sentimiento de amargura predominaba en todos y alguna lágrima
de rabia se escapaba de los ojos de muchos de un lado y de otro de los que ayer hermanos,
hoy estaban divididos por una frontera que había levantado con el tiempo la decidia de
los gobernadores porteños.
Así se perdió la Patagonia para la Nación
Argentina.
Por su parte los Estados Unidos de la Patagonia
progresaron a ritmo inusitado.
Vendiendo petróleo, gas e hidroelectricidad a la
Argentina, aún a precios inferiores a los del mercado mundial, ingresaban anualmente
miles de millones de dólares de divisas que se utilizaban para el desarrollo de su
infraestructura. Los valles de los ríos y la precordillera fueron irrigados y explotados
para exportaciones agropecuarias y agroindustriales al exterior y un contingente enorme de
inmigrantes se fue radicando libremente en una República que echando por la borda el
estatismo porteño, se apoyó en la empresa privada para afirmar su desarrollo. En sólo
diez años la población patagónica se triplicó con los inmigrantes y en toda la región
lacustre y fluvial de la cordillera, centros de turismo de renombre mundial atraían
millones de turistas anuales que reforzaban al muy favorable balance de pagos de la
flamante nación.
Industrial electrointensivas y petroquímicas se
instalaron para aprovechar los recursos energéticos disponibles a bajo costo. La
exportación industrial superó largamente a las exportaciones agropecuarias.
La moneda en circulación fue el
"patagón", con garantía oro y convertible, lo cual surgió de una negociación
con las principales naciones del mundo que aceptaron pagar en oro sus compras durante
cinco años para formar dicha reserva áurea. La inflación desapareció
instantáneamente.
Por supuesto, los Estados Unidos de la Patagonia no
tuvieron ejército, ni marina, ni aeronáutica. Apenas una fuerza policial. Estaba
defendida por todos contra todos.
En poco tiempo, los Estados Unidos de la Patagonia
sobrepasaron a la Argentina prácticamente en todo, excepto en la producción
agropecuaria, que siguió siendo la única base de la Argentina que no supo reconocer en
la Patagonia su verdadero destino.
Por Salvador San Martín ( 21/02/84)
Gracias, Sra.
Gabriela Paolucci