|
Hace muchos
años, mi papá José de los Santos trabajaba en la Fiat de la ciudad de Córdoba, en el
sector de grandes motores. Cada tanto se reunía con un grupo de amigos para tomar algunas
cervezas y jugar a las cartas, esas reuniones servían para arreglar otras mas
aventuradas. Así fue que programaron ir de caza, aprovechando un fin de semana largo.
Habían elegido como destino Santa María de Río Seco, tierra donde naciera y se criara
el poeta Lugones. El primer escollo era un pequeño destacamento de la Policía Caminera
que se ubicaba en el desvío de la Ruta. No hacía mucho tiempo que estaban allí, la
consigna era incautar las armas de los cazadores que pretendían incursionar por el lugar
pues estaba prohibido aquel deporte. La cuestión es que subieron todos a la estanciera
con motor continental viejo, vestidos de..."traje y corbata".
Tenían
que soportar la vestimenta mas o menos una hora hasta el cruce, y si lograban engañar a
los agentes de la ley, comenzaba el peregrinaje de un desolado camino de tierra.
¡¿A
dónde se dirigen?? Preguntó enérgicamente el suboficial, ¡al casamiento del hijo de
Don Gómez con la hija de Doña Felipa ! comentó Aníbal mientras acariciaba al volante
con una mano y con la otra golpeaba la puerta del vehículo. Como eran nuevos no conocían
a la gente del lugar por lo que se tragaron el anzuelo, así que mientras les encargaban
que les den saludos y felicidades de parte del destacamento . Los dejaron pasar. Luego de
dos kilómetros, soltaron el aliento,¡lo habían logrado!, inmediatamente se cambiaron y
festejaron con una cerveza medio caliente, se subieron nuevamente al vehículo y
emprendieron nuevamente la marcha.
Al cabo de
una hora y media de andar y mientras las bromas se adueñaban del poco espacio que quedaba
para respirar ( eran nueve los que se amontonaron adentro), uno de ellos le preguntaba si
el combustible les alcanzaría, Aníbal le pega una "carpeteada" (mirada) al
nivel de combustible y comenta, ¡no te preocupés!, este motor es viejo y gastador pero
se las aguantará porque le hago carga económica.
Se produjo
entonces un silencio y uno pregunta, ¿ Cómo es eso de carga económica? , Si macho, (le
responde el muy canchero) le cargo mitad de tanque de común y mitad de gasoil. Después
de festejar el chiste... Luís que era el inocente del grupo no lo había entendido por lo
que se ligó las burlas de los demás.
Era un camino pesado y
el calor hacia la marcha más densa, la falta de brisa favorecía la formación de una
estela espesa de tierra detrás de ellos, quedaba suspendida por largo rato, hasta que
lentamente volvía a bajar. Estaban todos callados como aguantando el viaje, cuando de
repente el armatoste comienza a hacer explosiones , ¡ que pasa? Pregunta mi viejo, no sé
ché, pero me parece que nos quedamos sin nafta , comenta Aníbal. Y efectivamente no se
equivocó , el tanque estaba vacío. Como la intención era divertirse, aprovecharon la
oportunidad para brindar debajo de un solitario algarrobo blanco mientras jugaban una mano
al truco para ver quien se encargaba de conseguir combustible.
Lógicamente y
después de un poco de trampa y algunas mentiras, el perdedor fue el eterno inocente
Luis.¡Perdiste loco...así que vas vos! .
No le quedó otra , y se encaró al camino.
Mientras tanto estos
siguieron la juerga, a las tres horas más o menos escuchaban el ruido de un camión que
se acercaba lentamente, mientras levantaba un polvaredal, se baja Inocencio y le agradece
al conductor por haberlo alcanzado. Se dirige a la caja y retira una lata (de las de
aceite) de veinte litros. Todos festejaron su regreso, esperaron que se disipe un poco la
tierra y comenzó el reabastecimiento. Cuando casi estaba listo Aníbal, que se encaró
del trámite de llenado, preguntó ¡Que c... trajiste? ¡esto está medio oscuro y
espeso!...
Luís lo mira y le dice
ofuscado ¡vos decías que hacías carga económica, así que le pedí al de la Estación
de servicios "cinco y cinco" cinco de común y cinco de gasoil!, se quedaron
todos mudos...En vano fueron los intentos de arrancar el motor, el pistoneo y el humo eran
impresionantes por lo que desistieron. Al rato no sabían si reírse o llorar, la cosa es
que alrededor de las once de la noche paso un tractor , ¡oiga Don!!, le dice el amigo
¿nos hace una gauchadita...? Y ataron la estanciera se tuvieron que comer toda la tierra
del remolcador hasta llegar a la estación de servicios , vaciaran el tanque e hicieron
noche, y al otro día se reanudó la aventura.
Al tiempo entra
Luís a su
lugar de trabajo y en una puerta encuentra escrito "cinco y cinco"... y nunca
nadie le cambió el apodo.
Extraído de la publicación del día
18/9/95 del diario El Sureño-Columna de opinión.José Humberto de los Santos Gracias
Sra. Norma de los Santos |