Gracias por visitarnos

Los hielos juguetones, Gonzalo y yo
Principal / Índice Relatos

He oído decirles tanto a chicos, jóvenes como a personas grandes ¡cómo se aburre uno en Río Grande!, y yo creo que no es así.

     Digo , y les cuento que es 21 de Septiembre de 1995, hoy comienza la primavera también por estas latitudes, es un espléndido día, solcito de a ratos , pero lindo, sin viento.

     Me dispuse a caminar, campera, gorro de lana, también camperita, y gorrito de lana para Gonzalo que tiene dos años y recién esta aprendiendo los códigos del lenguaje.

     A las 16,10 hs salgo con el desde mi casa ubicada en el Barrio Profesionales rumbo al mar, recién esta comenzando a subir la marea, Gonzalo se me suelta de la mano y corre detrás de unas gaviotas que plácidamente tomaban sol, estoy atento a que el niño no se meta al agua . Repasé unas cuatro hojas de un libro que llevé de Cortázar , pero al no poder prestar atención plena , no entendía nada, cuando levanto la vista y en un segundo , el niño ya se había metido al agua nomás. Me veo obligado a sacarle las zapatillas , sacudirle las medias porque no solo están mojadas sino que tenían un puñado de arena cada una.

     Seguimos por la costa hacia la Municipalidad, vamos pisando con la intención de romper unos curiosos pedazos de hielo que quedaron varados al bajar la marea. Tienen todo tipo de formas, y el pequeñín no respeta ninguna, a todas les pone su piecito arriba y procura partirlas.

     Seguimos lentamente caminando y llegamos a la altura de la avenida Belgrano cerca de la Estación de Servicios .Allí se encuentran jugando niños de entre 8 y 12 años con sus bicicletas haciendo todo tipo de piruetas, como derrapes ,willys , etc. Está de más decir que mi nieto estaba ansioso por jugar con ellos , pero como eran bastante mas grandes que el temían golpearlo.

     Continuamos en la costa mientras pasaban ahora pedazos mas grandes de hielo de hasta dos metros o tal vez mas grandes. Había una especie de península de arena de aproximadamente 200 metros de largo, allí había otro grupo de chicos de entre 12 y 15 años de edad. Estábamos al frente del barquito azul y comenzábamos a internarnos en el mar por la península que les mencioné, a medida que nos acercábamos al grupo, se apreciaban los gritos y las risas, pero no podía apreciar el motivo del jolgorio. Ya cerca veo que se subían a un témpano tres o cuatro de ellos; la gracia era que cuando llegaban las olas balanceaban el trozo de hielo y les hacia perder el equilibrio, por lo que más de uno se caía al agua y se mojaba con esa agua helada del Atlántico sur.

     Seguimos caminando y más adelante encontramos chicos y chicas adolescentes que al igual que los otros se trepan y algunos aventurados hasta saltan entre témpano y témpano, y como es lógico también se caen, por lo que casi todos estaban con los pantalones mojados desde las rodillas hasta abajo pero esto no les afectaban porque todo era risas y jolgorio. Yo me divertía mirándolos , en eso me animo y me subo a uno de esos , ya arriba siento una extraña sensación, la misma que sentía cuando subía a una montaña (años mozos) en mi Córdoba natal, desde donde podía ver valles y quebradas.

     Bueno luego de esto comenzamos el regreso y ya en la playa otra vez, subo a Gonzalo al Rolón Rolof , no se quiere bajar, lo convenzo y al fin....

     Avanzamos un poco más , zapatillas y pantalones mojados de los dos, miro el reloj 18.45 Llamo urgente un taxi . Al llegara a casa el sermón no se hace esperar . Por un lado mi esposa, y por el otro mi hija, madre de Gonzy, pero por más palabras el nene y yo sabemos que pasamos una tarde bárbara, entre hielo y hielo, ola y ola, mojada y mojada.

     Pienso mientras escucho el murmullo de fondo, ¡que lindo es pasar momentos como estos , con los que uno quiere, y aquí en nuestra ciudad, aquí en donde están parte de nuestros afectos , en donde está nuestro barrio, nuestro pueblo , nuestra gente!

     Una tarde de 21 de Septiembre , Gonzalo y yo. Río Grande Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

José Humberto de los Santos

Gracias Sra. Norma de los Santos