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Que
grande me parece la estación Constitución!, Tiene trece andenes, decenas de
columnas de hierro roblonado, con ornamentaciones, cientos de luces de vapor de
mercurio y miles de pasajeros yendo y viniendo vaya a saber a que y de que lado.
Mi tren se acerca a la terminal, hasta ultimo momento no se sabe si la puerta
del andén será la derecha o la izquierda. Los apresurados pasajeros
esperan para bajar, de pie impacientes en el eje del vagón la definición,
finalmente los estribos de de la izquierda son los que ganan, corren paralelos
al andén seis. Dejo que bajen los mas apurados esperando sentado al lado de mi
valija. Cuando al fin se despeja desciendo y camino por el centro del andén hasta las
boleterías que están casi a la salida este, Al fondo, sobre el comienzo de los
andenes hay enormes carteles de publicidad. Me llama la atención, como siempre,
el de Americano Gancia, quizás porque sus colores, colorado, azul y blanco
me recuerdan al club del que soy hincha, San Lorenzo de Almagro.
El tren que debo tomar sale,
como todos los de larga distancia, del andén trece: La formación de la que baje me
impide ver si ya esta estacionado.
Llego a la boletería hay dos o
tres personas con sus equipajes al lado haciendo cola, me ubico en la fila que
lentamente me acerca a la ventanilla que a cambio de un cartón de dos colores
con inscripciones se llevara cerca de un cuarto de mi dinero.
Con mí boleto en una mano y mí
valija en la otra encaro la entrada del andén trece, unos caños con forma de
laberinto hacen que no pueda acceder directamente, en su ingreso un hombre
vestido de gris y una gran gorra, también gris, con visera, el guarda, me pide
el boleto, lo observa y lo agujerea con una especie de pinza. Me recuerda que
debo subir al vagón que sobre las puertas tiene un cartel de madera blanco con
letras negras que dice "Saavedra". El tren esta compuesto por varios
vagones, unos diez, de los cuales los mas cercanos de la locomotora son de carga.
Los coches de pasajeros no son como los holandeses suburbanos, son bastante mas
viejos, de madera y mucho hierro forjado, no tienen ventiladores y las luces son
incandescentes en lugar de los tubos fluorescentes de aquellos. Están los de
primera y los de segunda clase indicados en cada puerta del coche un visible
número en amarillo pintado sobre el vagón marrón, aquellos tienen cuatro
asientos asientos por fila, dos por cada lado del pasillo central, mullidos,
tapizados en cuero, en cambio los de segunda tienen cinco asientos por fila y
son totalmente de madera.
El cartel de madera blanco con letras
negras de los primeros vagones dicen "Lamadrid", sigo buscando los míos
caminando paralelo a la formación por el andén 13. Ahí está es el que debo subir
y eso hago, al entrar veo un montón de gente parada acomodando sus equipajes,
quiero conseguir un asiento de dos, del lado de la ventanilla, mirando para
donde va el tren y de ser posible cerca del baño. Lo logro nomás, me pone muy
contento, saco el Patoruzú del la valija, la cierro y la coloco en el
portaequipaje, la radio Continental la apoyo en el marco de la ventanilla junto
a la Coca Cola, los sanguches de milanesa en el asiento a mi lado.
Son las 6:25 horas de la mañana, un
sacudón hacia adelante me indica que están enganchando la locomotora, ya falta
poco para partir, solo escuchar que la campanilla del andén trece que con su
repiqueteo autorice la salida. La campanilla suena justo a las 6:30 horas, la
sigue un sacudón hacia atrás, comienzo a ver como Plaza Constitución
empieza a pasar para atrás. Mi crédito de doce horas que dura el viaje se
empieza a consumir lentamente.
MMG |